miércoles, 7 de marzo de 2012

El Naipe de la Reminiscencia

No es la iniciaciòn lo que hace parto de una avenida
ni la representanciòn donde todo universo- el personal-
se adhiere a frases como la sentencia o los vinilos,
aquì estamos dejando otra incognita.

Digamos que es implicito, como la angustia y lo
tàcito.

Tampoco la sepia de un niño horizontal
cuya oraciòn de aurora se conforma en los grados
de enfermedades continuas. Una libera el devenir
del instinto. La otra, llena de ferias
el sitio culpable de una orden
donde se acumula el aceite por dictado
de la lluvia.

Y ya que hablo de leyes, en alguna recogo los
eventos de pureza, los dañinos
los que elevan marejadas pues existen tridentes,
como un lenguaje que va màs allà de si mismo
buscando desasirse en sus limites.

Lo siento lenguaje, no eres mas ser que aquel que escribe.

Que no sabe porque escribe, pero da a ese don el
talento de algun trance espantoso,
lleno de espinas para beber con ellas
la profunda tuberculosis del destino.

No es la iniciaciòn, aquì hay otra soledad
donde la reliquia vuelve a crear
expresiones de niebla, reminiscencias
como aquellas desnudando el exhalo
de un edificio, de un racimo avanzando solo
entre tò y el canto aproximado
a la articulacion invisible,
esa que une la ola con la orilla.

Allì donde todo nos muestra su estallido.

Luego de eso puedes volver tu mirada
hacia abajo.

No encontraràs una sola celula en la arena
que resista a la religiòn
de esa subjetividad.

Y lo màs extraño es que cuando lo hayas
dejado atràs.

La reminiscencia volverà a edificar
nudos con ello.



Guillermo Paredes Mattos.

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