Desde que el mar es amenazado por los lobos
ella encierra su corazón en otra brújula,
por ello asciende hacia el viento
llevada por un soplo,
desde entonces se une al terciopelo
abismada al mástil
que un pubis deja a un hechizero,
extraviando el angelus y la cita del agua con
la sangre.
Ya antes los pájaros la habían separado
y milenaria recitó nieblas y espumas,
temblorosa
igual que el hado encontrando el regreso
caminó por la nieve,
por la vida del manantial conduciendo
en su cuerpo un trebejo,
una ciudad de niños amarillos,
de orillas que cristalizan el viento en sus manos
y lo trasnforman en un furioso invierno.
Desde que el mar creyó en los angeles
alada respira entre crisàlidas
y borda el ansia de un profeta se entrega a una lagrima,
a un llanto que emerge sólo por ella.
Asi inspirase el trueno en la tormenta
e invento este navìo donde puedo alcanzarla,
donde herida por ladridos y subterraneas distancias,
habla de mi corazón,
dispuntandole su lugar al pajaro
y la llama al fuego.
Tú, desasimiento que corres por sus venas
que seduces el confín que oprime su pisada
y antes de perderse en la orgía
antes de morir en otro cuerpo,
inmola su sensualidad entre los naipes,
segura que la bestia aguardando en la orilla,
del lobo rondando el horizonte.
Serán ambos confundidos por los mares
y jamás convertirán sus venas en una
extraños forasteros que conciben el amor
desde las espinas,
sobre legionarios azules.
Muy lejos.
Entre otros cuerpos.
Guillermo Paredes Mattos
La Punta, Lima, 2006
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