Una iglesia de ordenes antiguas
una ciudad de pétalos.
Un segmento en este descifrar para
los inocentes,
y el acertijo en cada palabra sin argumentos,
sin proximidades.
Pero puede ser que hayamos tejido epiteleos
y quizá
de la duda hay certidumbres como
este pájaro
o esa ilusión que desvanece acuarios
insomnes reliquias de liquidos,
balticos de sienes.
Hasta este reino enumera candelabros
y el ladrido de un árbol penetra
en el vidrio
el espíritu de un jardín que humedece
su escudo,
como una plaga de ideas en el cefiro
o la muerte del encantamiento.
Hasta un principio se es, mezclando advientos
partes de mal en el horror
verguenzas de liturgías en el acero.
Pero en un símbolo se tensan los cercos
verdaderos como el tañido
o el alfil de un navío,
con tropas de inviernos forjados por
el sueño.
Forajidos de espuma que danzan presencias
clasicos como la tempestad, adoradores
de barros,
en el diluvio cuenta el eter las gotas que caen
cual agonías luminosas de un día
con lo que se desvanece
y todo sigue figuras con corazón de arquetipo
con lastres que maquinas el exodo
de esta entraña en sus mitades.
Pero es de azul,
el rocío es estuario
y la eternidad dice sólo soy una parte.
Guillermo Paredes Mattos
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