El suicidio es un poema que sólo se escribe una vez
Nunca sé lo que voy a decir.
No sé del camino que guía el decir a la escritura.
Eso podría ser algún acontecer profano.
Pero su inmensidad termina ahora que lo toco.
Pájaros de miedo en el cielo.
Civilizaciones de un dios que trae mareas.
La cresta allí, la superficie donde la apariencia
juega con mis ojos,
con esa enfermedad de la imagen.
Debo suponer su cierta paranoía. Siempre
está mirando lo mismo.
Por ello la arena me hizo ontológico
y voy solitario en las calles de un árbol
observando, obsesivo, casi fetichista
preguntando a la madera por la cosa,
por el cristal del ente.
E imagino existencias a todos los seres.
Incluso a aquellos que nunca separan inteligencia
de sentimiento.
Que no ven en la expresión más que una ramera.
Y en el poema su ciudad.
Nunca sé, esa es la extraña escatología
de mi conversión
la transgresión extraña en una hoja,
el mundo fue creado para ser destruido
y no puedo concebir mas iluminación,
esa es visión que mi intimidad
deja en sus alas
que mi subjetividad posa
en sus trenes.
Y en esos trenes
donde suena el silbato y también
donde se apaga
llamea el craneo de un niño.
Guillermo Isaac Paredes Mattos
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