martes, 28 de febrero de 2012

La Nave Encarnizada

La palabra se abre.
De acuerdo a ello pienso que el universo es diferente.

Que sus huellas forman esa inspiraciòn espantada
por el brillo
con el cual todo lenguaje la corona.

En estas evidencias de metal.

En los astrolabios de mi religiòn gamada
ante la aurora, contemplo
telescopios que
sobriamente envenenan
los ancestros y descendientes
de su vibrar, su grito epistolar
entre anaqueles
y laminas, llenando alientos
de vidriosos escolios,
donde el aura convierte breas en martires
como un ciclo de violines nocturnos
anhelando una flauta.

Y en esas armònicas demacradas.

En ese sonido manifestando su derecho
a la piedra
un estilo sin retorno se abre.

Simultaneamente en las calles
los niños corren dogmàticos
detras de las estrellas.

Los miro.

No queda mas examen cuando la cresta
descuelga mis manos.

No queda màs disturbios
cuando el ser de la palabra
abre sus entrañas.

Y a donde quiera que vaya
el poema es el trance
de una nave encarnizada.


Guillermo Isaac Paredes Mattos

Yo Creo

Yo creo


En mì mismo porque no estoy convencido de nada.

Porque existo entre naturalezas que poco a poco olvidan.


Soy necesariamente unavida para ser ello.

Tambièn creo...

En las palabras inasibles, enfermas y epifanicas...se necesita haber dejado atras
la naturaleza para enredarse en los vidrios.

No hablo de locos, tarde o temprano esos estos pierden la lucidez y ese no es mi camino.
Yo voy a vivir, yo voy a ensagrentar cada verso que se atreva a ofrecerme su exhalo.

Y, al margen de ello,
Doy vueltas y lo hago por una simple razòn...soy capaz de ofrecerme un cuadrado
cortando por un linea. Ahora tienes dos triangulos.

Si eres experto en cosas vanamente geometricas, ahora cuentame otra historia.
O eres imbecil o intentas serlo...al devenir del poema poco o nada
le importa eso.

Yo creo


Escribo cada dìa, cada noche porque puedo hacerlo y eso nada puedo evitarlo.

Y camines a donde camines me reirè de tu semantologìa
sabes que hace mucho dejè atras esa palabra.

Yo soy el niño, que recusitaba entre morgues
y recorrìa todas sus infancias, llenas de veneno,
es el veneno quien sigue el camino, mas no ese niñó
que este instante escribe,
el niño es una abominaciòn de mi pelo
una atrocidad
iluminada de enjambres.

Y este, oyelo bien humanidad ello
es sòlo un instante.

Un dios me invito a este viaje. Un viaje, sin paraderos ni final.
Es lo ùnico.

Y esto es nada extraordinario. Asi debe ser.




Guillermo Isaac Paredes Mattos.

sábado, 25 de febrero de 2012

La Vìa del Centauro

Porque uno sostiene ves misericordias
como reflejos
y después están las columnas
o un músculo que abre sometimientos
un futuro de esperas
sobre disturbios de aguas
todas empeñadas en convertirse
en una gota.

Porque miras en los lentes
del verbo incendiar otros yugos
donde el segundo es devorado por sienes
y hasta el desmayo del exhalo es posible
sin caer, sin tener que dejar ese paso
esa huella de dirigible en la luna.

Sí, debajo del mar se suspenden las hojas
y es la danza del viento quien arranca los árboles
y es el desmedro de un menguante
asolando crisoles
en luces de juglar
en mares de polvo.

Asi la ceniza, nos va quitando la vida
eso que dura un instante entre la noche y los ecos,
eso que formula distancias sin necesidad de horizontes,
uno cree que un reino cae en la silueta
pero un reino empieza en las sombras.

Y la realidad por ejemplo es sólo ejercicio
vanidad de ciencias con clepsidras en halos
inclinación de un rostro sobre una sentina,
en cada tacto un dios reconoce minaretes,
como negarlo, la costumbre lo sabe
su legado hoy mira pistilos y lumbres
y como es posible llegar
el universo se detiene.

Y no sé si la creación es
pájaro.

Creo que no necesita
de sus alas.


Guillermo Isaac paredes Mattos

viernes, 24 de febrero de 2012

Generaciòn del Arpa

Podría tratarse del barro o los cristales
mientras tanto el ángulo es una construcción
como la deriva o el epígono
de una ciudad
llamada a conservar tragedias.

Junto al teatro de un record
entonces como un ser aparece el laberinto
de ese dedo que es sabio minotauro
recogiendo imanes
en todas las siluetas
destruyendo unicornios en los arcos.

Seremos como plagas de luces una hora,
una face en la orilla con presencias de ríos
de ansias marcando cabellos a lo lejos
el arpa de esa flexión en la rodilla,
victimando un espiral
en el lecho tembloroso de una criatura
llamada creación.

Esta noche arpa, tendrás un navío
la espuma de quien nada roza, el incienzo
de un lapiz que deja carbones,
hasta la ética del petroleo
sedará tu purgatorio,
donde los relampagos enfrentan
heridas de cisnes.


Podría, hasta tendría espejismos,
jínetes de extrañas generaciones
donde nunca se recibe al mar
y las albuferas son ruedas
de sentidos o inteligencias
imitando un sudario
porque el desierto
no lo cruza la arena
ni los hombres.

En el desierto sólo camina
un arpa.





Guillermo Isaac paredes mattos

Hilo de Ariadna

Què oscuridad en mis cuadrados,
què penumbra de narcòtico en mis tercetos.

Ay, yo quiero responder entre sujeto y objeto
nunca he de rebotar de otra manera.

Y quiero la voluntad de angulos para los que caen de frente
y jamàs miran de lado por temor a la sed.

Su àrtistico enfermo dura sòlo la mentira
que hay en una citara
rebelde y tautològica como las fòrmulas.

Pero en esta leyes de gravedades y fìsicas
puedo analizar hasta los ultimos escombros.

Mirame, sòlo escenifico ruinas,
celestes porque asumen epìlogos
de maravillas.

Pero mi perro es azul
mi demonio alumbra lejos,
tan lejos que ni siquiera la vastedad
puede decir distancia.

Y la verdad
ese animal de pubertades
y horrores.

Jamàs ha de poder encontrarme.





Guillermo Paredes Mattos

Epifanìa del Cielo

Tengo los lados marcados para algo continuo.
El ente de las ciudades que rie y a veces es
una ironía.

Despierto como esa deidad
que lleva idolatrías de barro
esas que crecen en la arena.

No me recuerdo
no tengo memoria.
Cómo podría entonces desnudar
este instante.
Este cemento con luz de devenir y hado.

He vivido, las luces desde ayer siguen
mintiendo
y un fulgor se hace relámpago
en el hemisferio de los astros.

Tengo una camisa sucia encima de la mesa
los bólidos que hay en un triángulo
y cierta ontología perdida, errante
en el mirador de mis sienes.

Tengo
una mano artera
un dedo lleno de números
una división de prados,
el destino de un sueño que pertenece
al día ,
porque huyo de la noche.

Recuerdalo barro antes que te convierta
en ceniza.

Aquello fue lo único que en la aurora
huyó con mi corazón.



Guillermo Isaac paredes mattos

Las Cenizas del Mal

Una iglesia de ordenes antiguas
una ciudad de pétalos.
Un segmento en este descifrar para
los inocentes,
y el acertijo en cada palabra sin argumentos,
sin proximidades.
Pero puede ser que hayamos tejido epiteleos
y quizá
de la duda hay certidumbres como
este pájaro
o esa ilusión que desvanece acuarios
insomnes reliquias de liquidos,
balticos de sienes.
Hasta este reino enumera candelabros
y el ladrido de un árbol penetra
en el vidrio
el espíritu de un jardín que humedece
su escudo,
como una plaga de ideas en el cefiro
o la muerte del encantamiento.
Hasta un principio se es, mezclando advientos
partes de mal en el horror
verguenzas de liturgías en el acero.
Pero en un símbolo se tensan los cercos
verdaderos como el tañido
o el alfil de un navío,
con tropas de inviernos forjados por
el sueño.
Forajidos de espuma que danzan presencias
clasicos como la tempestad, adoradores
de barros,
en el diluvio cuenta el eter las gotas que caen
cual agonías luminosas de un día
con lo que se desvanece
y todo sigue figuras con corazón de arquetipo
con lastres que maquinas el exodo
de esta entraña en sus mitades.
Pero es de azul,
el rocío es estuario
y la eternidad dice sólo soy una parte.


Guillermo Paredes Mattos

lunes, 20 de febrero de 2012

La Svastica Flor

Al cerrar los ojos
a la palabra y lo que hay en ella...




He vivido demasiado en la palabra. Hoy no sè salir de ella.
Yo creo que la palabra es una especie de infierno
seduciendonos, en un principio
con luminosas espinas,
biblicamente las llamamos paraiso.


Tantas dìas, tantas noches, mi corazòn y su espìritu
fueron arrojados allì para que resistieran,
para que hallaran su volumen,
ese aire de peces llamado consistencia,
esa entraña hecha de lunas.

Y jamàs en ella fuì rebelde, jamàs pude
caminar en sus hilos de acuerdo a la precipitaciòn,
eso sì, escribì como si el mundo muriera lentamente.

Y el mundo como el universo mueren con paciencia.

Mi estancia allì no la debo al milagro,
la divinidad en mi pecho fue un trozo pronunciado
por extraños ignorantes, fuì uno de ellos
el principe de la màs fatal sabidurìa,
indòmito a veces,
increible como el barro que penetra la ceniza,
el fuego lo llama violaciòn.

He vivido tantas veces en la palabra. Siempre estuve solo ante ella
no es nada nuevo pronunciarlo para
poder escribirlo, no sè si mi debes es sellarlo en esta hoja.

En esta hoja deberìan vivir y morir otras.

Al igual que mi corazon jamas
sabre que vive en ellas.



Guillermo Isaac paredes mattos

viernes, 17 de febrero de 2012

Yambo de la Aurora

Cuando la aurora dice el verbo
y la nave en una oración de escarcha
preña este solsticio,
y surgen maquinas de enjambre
recorriendo nuestras huestes,
argentos de delirios donde clama el sol
su celaje de herejía,
cuando sólo resiste el soplo que llega con
la lluvia
y el tejado nombra legados
de circo en la arena,
donde el mar diseca anuncios,
la salva de una llama despreciando
la renuncia en la arena
y todo lo posible es una noche
de ruinas y temblorosas redes
donde una urbe ha conquistado finalmente tu soplo,
pero desde la lejanía observa
como se aleja tu alma.



Guillermo Isaac Paredes mattos

Terciopelo S

Desde que el mar es amenazado por los lobos
ella encierra su corazón en otra brújula,
por ello asciende hacia el viento
llevada por un soplo,
desde entonces se une al terciopelo
abismada al mástil
que un pubis deja a un hechizero,
extraviando el angelus y la cita del agua con
la sangre.

Ya antes los pájaros la habían separado
y milenaria recitó nieblas y espumas,
temblorosa
igual que el hado encontrando el regreso
caminó por la nieve,
por la vida del manantial conduciendo
en su cuerpo un trebejo,
una ciudad de niños amarillos,
de orillas que cristalizan el viento en sus manos
y lo trasnforman en un furioso invierno.

Desde que el mar creyó en los angeles
alada respira entre crisàlidas
y borda el ansia de un profeta se entrega a una lagrima,
a un llanto que emerge sólo por ella.

Asi inspirase el trueno en la tormenta
e invento este navìo donde puedo alcanzarla,
donde herida por ladridos y subterraneas distancias,
habla de mi corazón,
dispuntandole su lugar al pajaro
y la llama al fuego.

Tú, desasimiento que corres por sus venas
que seduces el confín que oprime su pisada
y antes de perderse en la orgía
antes de morir en otro cuerpo,
inmola su sensualidad entre los naipes,
segura que la bestia aguardando en la orilla,
del lobo rondando el horizonte.

Serán ambos confundidos por los mares
y jamás convertirán sus venas en una
extraños forasteros que conciben el amor
desde las espinas,
sobre legionarios azules.

Muy lejos.

Entre otros cuerpos.




Guillermo Paredes Mattos



La Punta, Lima, 2006

miércoles, 15 de febrero de 2012

Cita entre el mar y la palabra

Encuentro entre el mar y la Palabra


Mi yo recuerda el mar y èste no tenìa para ser nombrado a la palabra.
No existìan neologismos, no habìa experiencia.
Era sòlo una parte de algo que ante mis ojos habitaba
distantes yugos que el cielo habìa limitado por temor a la muerte.

Y mi vida tambièn lo recuerda. Al evocarlo
hablo que la memoria tiene imagenes en estado de reminiscencia
buscando su propio idilio, el de los hombres sòlo es necesario.

Y hemos puesto a la necesidad como reino de todas las cosas.
Como si esta necesitara de reinos.
Por ello cuando vuelvo a la arena vuelvo a tensar dinastìas de
primeros momentos,
cuando era màs culpable que todo el universo para dirigirme a las cosas
pues no habìa nada en mì ante los hechos.

No mar, no eras una palabra, tampoco el espìritu podìa nombrarte
tampoco eras una maldiciòn, un drama, mucho menos una tragedia
pero yo temìa en ti las cosas profundas que me ataban a los medanos
y entre resaca y resaca fuì creciendo para oir tus ruidos.

Cuan lejos vivimos de la creaciòn y la palabra.
De todo aquello que esa creaciòn empujaba hacia tradiciones y velos.

Y tus olas eran verbo
el estado verbal de la providencia y las cosas
de la continuidad y los àrboles
cuando veìa en tus superficies sòlo hallaba bosques de crestas
y en todas, pude perderme.

En ese tiempo, al igual que ahora era dogmatico
totalmente absoluto para abandonar la silaba y sus espacios.

Y todavìa bajo la noche ambos volvemos a repetirlo.

La palabra es sòlo el ocaso de los dioses y los hombres.


Guillermo isaac paredes Mattos

Ciudad Andrògina

El suicidio es un poema que sólo se escribe una vez



Nunca sé lo que voy a decir.
No sé del camino que guía el decir a la escritura.
Eso podría ser algún acontecer profano.
Pero su inmensidad termina ahora que lo toco.

Pájaros de miedo en el cielo.
Civilizaciones de un dios que trae mareas.
La cresta allí, la superficie donde la apariencia
juega con mis ojos,
con esa enfermedad de la imagen.

Debo suponer su cierta paranoía. Siempre
está mirando lo mismo.

Por ello la arena me hizo ontológico
y voy solitario en las calles de un árbol
observando, obsesivo, casi fetichista
preguntando a la madera por la cosa,
por el cristal del ente.

E imagino existencias a todos los seres.
Incluso a aquellos que nunca separan inteligencia
de sentimiento.
Que no ven en la expresión más que una ramera.
Y en el poema su ciudad.

Nunca sé, esa es la extraña escatología
de mi conversión
la transgresión extraña en una hoja,
el mundo fue creado para ser destruido
y no puedo concebir mas iluminación,
esa es visión que mi intimidad
deja en sus alas
que mi subjetividad posa
en sus trenes.

Y en esos trenes
donde suena el silbato y también
donde se apaga
llamea el craneo de un niño.



Guillermo Isaac Paredes Mattos

viernes, 3 de febrero de 2012

La Soledad de los Magos

Abre calumnia tu pecho
que la muerte vuela cerca como un pájaro
y tiene una sola avenida.

Deja a los laberintos venir
cual ocasión en conocimientos de sable
propios como la percepción
o el golpe.

Describe el diluvio y el exodo
diseminado en el dedo mas profundo
dictador de regiones
mientras el mar pierde su objeto
lentamente.

Pero en esa intimidad llamada a
traicionar colores
trasciende la brújula
encadenando la verdad a mis sienes
y soy la imaginación de una forma
de un disparo como el ala
en el beso
cuando un cuerpo dialoga
entre partes y vertigos
y el placer como la sensualidad es mensaje
de cartones y viejas recetas
para magos perdidos.

Por ello la soledad es encantamiento
de muerte que nunca alcanza
la vida
pero secretamente la aguarda
vestida de nieve
y a veces de holocausto.

Y entre ambas algo que nunca miraré
se borra.



Guillermo Isaac Paredes Mattos