Historias de Agua
Cuando el universo ni puede ser descifrado, nace la experiencia
de un hombre.
Cuando en el parpado lo legendario es como una mejilla y clama
en el insomnio.
De una pústula sobre esa edad que guarda el trote de una cigarra
aplastada por la luna.
Y amagar entre cualquier encantamiento dirá la estela de ese coro
insinuando por estuarios.
Debo un placer como la hoja frente a una palabra rendida postrada
en las puertas de su alma.
Descubriendo en mi pecho aquel latido que era el corazón, ansioso
por fundirse con el aire.
A ese tiempo de brújulas rompiendo un momento embrigado por
mi saludo de polvo.
Por mi hola de acuario, veste de sepia sobre una educación vivida entre
yambos y centauros.
Libre aún entre la liberdad, ella es sutil para desatarme entre yugos
de nieblas y de trampas.
Sediento como el agua, en el hastío de mis propios elementos, ese también
lo conozco.
Llegué a ello mientras los ríos iban formando el filo de una roca, muy lejos
junto al nido de un aguila.
Y en lo alto ni angeles ni espiritus podían deformar esa estirpe de lo que
se tiempla en los aros de la naturaleza.
Mira agua, soy tu naufrago pero debajo de ti, mis labios empiezan como
el número junto a las veces.
Y te separas cuando huir es una forma de llegar, de mirar un astro
pero no para alejarse.
Este es mi miedo se llama poesía, su fundamento es de niebla que cae
convertido en gota desde la hoja.
Su música no sabe y no conoce, pero presume tanto que casi hasta
mi interior le cree.
Pero gracias al mar están las olas, el horizonte, esta cópula de constelaciones
y un átomo entre mis uñas se pierde.
Guillermo Paredes Mattos
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