jueves, 30 de mayo de 2013

Parafrasis de los Lobos






Desciende el pulgar de una marejada
desplegándose en ún eco. Como un silencio que sigilozo
amenaza el sonido.
Detrás están los labios, como una presencia que irradia
centurias de pelos, cabelleras en el ambar
de todos mis trapecios
aquellos que forme bajo la luna para inventar
una noche dentro de la noche.
Desciende en un cristal que modifica plagas
candelabros que aún incendian el lugar de la libélula
purgatorios que mecen su alma de gemelo
entre la lluvia, nada, sólo el retiro de una marea
ha dictado el infierno en las pupilas
por ello cada amanecer escribo a mis demonios.
Misterica la huella que aún celebra en la hoja
su pacto con el pergamino.
Solitario el pájaro que cae convertido en palabra,
esa extraña maldición del espíritu.
Sabio lo que se aleja de los precipicios azules,
allá los astros que aprendieron a sostenerse en ellos
sólo quiero los que pueden acompañarme
y si no tienen ya nada que decirme los entrego
a la ceniza.
Desciende la mano en el lugar izquierdo de mi nave
clamorosa en su ciudad de perros
devastada en su capital de lluvias.
Desnuda en el tropo de una democracia con
el barro
cuelga de la nieve como un murcielago herido
alza sus grutas en descomunales estros
no sabe de granizos, no recuerda sus papeles
pero muerde a cada instante un hecho,
la experiencia cayendo en sus entrañas
como un centauro de alas rotas
despertando muertos.
Guillermo Paredes Mattos

El Iris de la Noche








                                                                                                                  

Quisiera elegir algo como la noche 
un dios separado por la eternidad de la luz 
y nombrar sólo siluetas de astros, idolos de fuego 
convertidos en alas de bolidos y centellas, 
llamaradas que nos dejaron muchas veces el borde 
del abismo 
para que allí contraramos nuestras alas. 
Disponer de pájaros invisibles 
para huir hacia cielos donde la divinidad 
posa sus naipes entre la transparencia 
y el mundo cae como esa hoja que no se puede tomar 
pero sí, 
como el respiro que la soledad convierte en agua 
para que el espíritu pueda beber. 
Quisiera que en todas las arenas 
algo como lo inasible pierda su vestido de carne 
y aquel que profana enviar rojas inquietudes al aire 
conquistas de manantiales donde un animal respira 
expiando a la criatura cerca, muy cerca 
de su lecho. 
Luces de este resplandor que muta una oración 
a cada instante 
podré vivir acaso a tu ritmo. 
Eixir de un prado que camina hacia bosques secretos 
confiesa finalmente si será este corazón, 
el devenir que quema la lluvia 
antes que caiga hacia los mares. 
Retiradas de mástiles y recuerdos 
que tu aliento sea esta reminiscencia, 
el encantamiento que fluye entre otras hojas 
el que vibra despacio para que la muerte 
dispare sus más azules himnos, 
aquellos que los astros allá a lo lejos 
ante su belleza dejan caer como el ser una lágrima. 



Guillermo Paredes Mattos

Los Pesebres y el Barro






El Pesebre del Barro
 
 
Si uno fuera verdad, la mentira no tendría una noche.
La luz de un día filtrándose entre los poros para llegar a la sangre.
La pócima donde el brillo siempre piensa en alegorías,
metafísica como una campana cuando no tiene sonidos.
Si uno fuera verdad dónde hablaría la existencia.
Qúe calle se abriría en ella como el mar o el pájaro celeste
de este manantial donde se persigna en una señal el verbo.
Pero empiezo en una palabra y no porque sea el principio.
Ninguna recorre mas allá de su silueta estos dedos
ninguna puede hablarle de la soledad a un alma.
Brújulas donde el mundo se alza, tengo un segundo para ellas
que finalmente es sólo un segundo.
Si uno fuera realidad, todas huirían con sus luciernagas
y algun barro como la mariposa cavaría angulos
formaciones silenciosas como un dedo cuando rueda en medallas.
Pero todo se quiebra para buscar en las sombras sus pedazos.
Todo incendia cualquier razón del fuego.
Y hasta un lugar como la larva es temeraria al enumerar planetas
al decir de mí y de mis brazos, en ellos una página
puede resistirme, pero termina en las aguas
preguntando a los átomos quien será el ultimo
que cierre esta sílaba.
Si uno fuera verdad todo podría decirse inasible
y hasta luminosos cuellos abrirían sus gargantas.
Una herida no sólo dejaría el dolor
Una herida se cubriría con las entrañas de profundas metáforas.
Obligando a la sangre a correr por donde no deben.
 

Guillermo Paredes Mattos

Marejadas






 
Hay marejadas que son máscaras de insomnes instantes
donde el oráculo atraviesa cada atomo de la vida
y se aleja como un heraldo de la existencia.
Ríos ardientes, más que el frenesí, que el coro
y su silueta embarcándose en emboscadas de agua
cuando la sed se derrama por el universo buscando una sílaba,
un racimo que la espuma convirtió en poesía.
Fascinado por mares inasibles cabalgo en mis noches
no tengo posada, no tengo ventanas, no hay ningun navío
todo lo que puedo tomar lo es desde mis presagios
y hay un presentimiento en cada estela, desde aquella
que deja el ave hasta la que vio la luz primera.
Extasiado y aprendiendo que no será el ultimo lugar
de mis sentidos, tampoco de mi inteligencia, llevo
esos ruines lugares a marchas de relámpagos,
a columpios como el sol, a ruegos de ciencias
que nacen cuando vibra el resplandor, cuando palpita
la emoción de un animal sobre la arena
cuando la vida lo abandona y éste se entrega
al último latido de su cuerpo como lo hizo ante el primero.
Ciudades de vidrio en mis ojos, mi corazón pudo
ser una historia, pero elegí la leyenda, hay vicios de farol
y cemento pero el mío muerde sepulcros,
donde uno al mirar la lejanía sabe que ese brillo
a lo lejos, es la más serena muerte de un astro.



Guillermo Paredes Mattos
 

El Lumen del Viento





El Lumen del Viento 


En mi atmosfera de alas y vacíos, cuando rueda la noche 
y se revela un crisol de espumas y sobrevientes. 
Mientras camina hacia el agua el volcan y la idea 
respira su escolta de batallas olvidadas en la cresta. 
Y entonces arrastra hasta la arena este soplo 
el hilo de una venganza fraguada por los pájaros. 
Cuando no hay quien recuerde en todas las hojas 
y los criminales huyen con las sienes de un lobo. 
Mientras ilumina el silencio el más perlado destello 
maquinado en secreto por el ruido de tu corazón. 
Y hay algo apagándose como una campana 
en el anciano barco de la impresión más aurea. 
Impregnando el rocío de vesperales ruedos 
enigmas como un emperador navegando entre sales. 
Mientras huyen tormentas de voces en sus cristales 
mostrando el espíritu que desde el brillo abre cielos. 
Celestiales margenes con una página de lumenes 
inspiración de un sueño de imposibles piedades. 
Cuando ninguna palabra es voluntad de sonidos 
y la memoria propala fulgores como los ojos. 
Manantiales de un insomne en sus carabelas 
viendo el desmayo suplir una hoja a los árboles. 
Cuando la bandada pregunta por algun horizonte 
y los sabios responden que son símbolos de nada. 
Y en cada desprecio abre la ira un desencanto 
prometido en días de temblorosos evangelios. 
Y tú que me separas vuelves a citas de selvas 
montañas como el eco o un labio en el sueño. 
Dudando entre que debe elegir para cruzar el alba 
el desnudo vaticinio que lleva plumas y celestes. 
Cuando todo es presencia de alboradas y espadas 
incendiando el reflejo de todas las ciudades. 
Entonces en una superficie vuelvo a un aparejo 
dudando junto a la edad de las ventanas prohibidas. 
Y tejiendo un caballo cabalgo entre cetros 
y en el único cristal que no vió tu reflejo. 

El Corazòn de la Torre





El Corazón de la Torre 
                                                                                                        



Aún la lluvia nos toma desde su recogimiento 
y el pensamiento eleva su inspiración de carbón 
hacia el diamante. Despierta la rueda y el ciclo 
toca las alas del cisne mientras mira un astro, 
en sus ojos bate aún lo milenario su brillo. 
Recuerdo mis palabras, no era el ayer en sus labios 
era la creación como una luna tensándose en el universo, 
eran las estrellas formando constelaciones y el latido 
de quien acaricia desde lo más profundo, aquello 
que no puede elevarse, eso que no se entrega al amor 
del verbo y nos mira y nos toca con látigos de fuego. 
Aún sobre cada navío una distancia se levanta 
y los horizontes esperan en su sueño el espíritu 
que pueda tocarlos, el corazón que muera por ellos. 
Y en cada orilla enciende una marea el sigilo, 
un candelabro aguardando primaveras 
donde el pájaro se ilumina desde nuestra sangre 
en el vertigo del día que es conquistado por las entrañas 
y todo es rojo como un amanecer de liras, 
como una citara desprendiendose de un manantial, 
de un aprendíz que muerde sabidurías con alas de unicornio, 
con galerías y mágicos laberintos donde el deseo declina 
a cada instante para posarse en otro. Aún soy de mí 
un exiliado, me busco a cada momento, mi vida es el viaje 
de quien inicia destierros entre sus sueños, ardiente el desierto 
me ha visto pasar con ojos inocentes ambos hemos ido 
juntos iremos, la visión desplaza mientras tanto su agitar de seda 
y en el tremante una reminiscencia percibe otra vez 
el halo de un viento que duerme entre la arena, 
esperando el beso del alma que pueda despertarlo. 



Guillermo Paredes Mattos

Manantiales de Venus







Manantiales de Venus 


Cuando un extravimo abandona su estela en 
una mirada. 
Y desde ello algo muy extraño nos mira con 
duendes temerarios. 
En el ser posible donde no hay diferencias y todo 
es un lumen de semejanzas. 
Mientras todo recorre mis labios y el mar se 
parece a la piel de un beso. 
Entre tierras difamádas por el mar y una venganza 
de aura y luna. 
Pues el hastío jamás puede recorrer una copla 
es física de celestes fardos. 
Ciencia de un miedo cuando uno adentra fosas 
y se desnuda en lo reconocible. 
No diré más que de mi ignorancia pues es el astro 
donde una calumnia se devora. 
No diré más que esta orilla y una ciencia de pájaros 
midiendo en mis ojos. 
Latido de un corcel abrigando legendarias esporas 
de cada marisma. 
Pértiga del halo donde invadía la soledad una herencia 
de crestas y olas. 
Confusa es la deriva antes de tocar un puerto, antes 
de amar un muelle. 
Pero alumbra porque se detienen escenas de agua 
que oprimen sátiros de dunas. 
Médanos como un sepulcro donde una pitonisa 
de detuvo para llamarme. 
Ser llamado es como romper un cristal y después 
tratar de unir sus pedazos. 
Ser llamado es colocar pesebres de cielo donde 
la piedra enseña sus filos. 
Yo llevaría mis alas a un abismo y las arrojaría 
allí por ser purgatorio. 
Y construiría manantiales sin agua pues siempre 
estoy sediento. 
No soy comparado si no es con la ceniza que han dejado 
todos mis caminos. 
No he de llamarme sino es en un silencio donde no hay 
memoria de mis pasos. 
De evanescentes ardides tosen las pupilas y eslabones 
son de alguien que roza. 
De uno que estrofa es de plagas y mafias tocadas por 
el sueño y hoja. 
Si hay un pergamino esta noche que venga y enseñe 
los péndulos de sus venas. 


Guillermo Paredes Mattos

La Pasiòn y el Mito





La Pasiòn y el Mito
 
 
Cuando algo como un raciocinio cuelgue
su àrbol de sangre.
Cuando quiera encontrarse sobre cielos
de ceniza.
Y se derrame la infamia de una corola
adornando
el manantial de los cielos.
Cuando despunte el sigilo en mi vertedero
y ascienda humedo
sin reconocer ninguna palabra.
Y el verbo, ese niño que aprendiò
en mi sangre
sepa que mi lugar està debajo
de los astros
pero no en su vida.
Cuando una noche de serpientes
pierdan sus brùjulas
y se enamoren de mi lecho.
Y en mis ojos el horizonte pueda deletrear
el nùmero de la hoja
el algebra del mar como un centauro
que dibuja cristales
en mi pecho
aquellos que vieron la piel
antes que mi ser.
Cuando perciba como el iris
o el eclipse que llega de la nieve
y un barro demacrado forme
la mujer que amè en
las calles.
Se dice que estàn los àrboles
condenados a las aves
y que el mar es una superficie
que no quisiera en su corazòn
profundidades.
Pero he de saber
no sòlo en la apariencia gime el brillo
tambièn lo hace en lo profundo.
Goletas de metal para esta fàbula
de bronce
seduce el molino con sus aspas
al viento
resiste el amor sobre el corcel desnudo
de la duna
se abre entre los dientes
un labio de profeta.
Y en la esquina donde el sueño empieza
a convertirse en juglar
algo como la linfa llora
en un adios
de peces.
 
 

Guillermo Paredes Mattos

La Trascendencia y el Labio





 
 
Hay muchas ventanas, como el beso de un cometa en la rendición
de un verano amarillo.

Hay muchos colores como el humedo retador de silencios desquiciado
entre tretas y epitafios.

La sensación de que un vidrio nos conoce desde el anuncio de todas
sus inocencias.

Y pervierte en la música un sino de ruecas, de circulos que no dan tregua
al que corta distancias.

Porque el corazón sigue siendo una espada, una soledad de divisiones
en el polen de mi guerra.

Pero si esto fuera exacto, aún la exactitud sería una desgracia de trenes
desprendiéndose de una llama.

Y es que la existencia es un vehículo de atómicos veleros denunciando
mares que quieren esconderse.

El torrente de un hilo en un otoño de reflexiones, la marca de un hombre
en la frente.

Pero son los botines de hierro y los hilos que los unen son de acero, con
ellos se abren los caminos.

Religiones de un feudo con ludico caminar, rehen de luminosos celos
dentro de la lluvia.

Todo lo que ha sido mentado se arrastra entre melodías de naufragos,
me pregunto dónde está mi propio mar para ahogarme.

En qué amanecer encontraré su orilla y la espuma como una doncella
de veneno esperándome.

Yo no quiero sepulcros donde una moneda haya cambiado el soplo de un suicidio
por el tiempo de los pájaros.

No busco que el viento haya comentado en estas cenizas de donde es que
llega la llama.

Sólo escucho y a veces contemplo furioso entre equilibrios, desesperaciones
y calmas.

Lucido como un promontorio, golpeo en todos los motines, recorro en
todos los caballos.

No te prepares para una aguja, mi corazón no lo está, vé y vibra, vé y cae
como lo hace un ala.

Pero si esa ala no sabe dormir ni despertar, entonces asciende al cielo
y amala.


Guillermo Paredes Mattos

Las Brùjulas de la Ceniza





Las Brújulas de la Ceniza
 
 
Se dice del agua cuando las brújulas persiguen un sino
de pústulas ardientes.
Cuando el pájaro disecado en al aura es también una
serpiente en el cielo.
Miro, la lluvia pertenece sobre todo a la luna y es tropa
de invisibles conjunciones.
El cardumen de un pez en al agua invocando una palabra
de hilos y trascendencias.
La voz de un color que es azul pero que puede dividirse
como una palabra.
Y unirse en cualquier espacio y en cualquier instante como
también en la vida.
Deslizar una llama en la placida aventura de un extravío
entre las escolleras.
Desde aquellos bancales la aurora transforma su aliento
algo lo llama existencia.
Pero nosotros que descendemos de linfas y que amamos
sólo la sed del tallo.
Nosotros que miramos desde plazuelas de sal como caen
por las murallas los lagos.
Que escribimos sobre superficies de manantiales porque no
hay versos que se sostenga en ellas.
Y entonces sumerge sus heridas sobre hemisferios de linfa
y volvemos entonces a buscarnos.
A empezar ese destierro que sabe a collarin o el bucear en
las ruinas de un minarete.
De un algebra que abre terciopelos y que vuelve a humedecer
extrañas cacofonías.
Cadaveres de barro en los hilos donde una presencia busca
el horizonte y enciende un brazo.
Luego la llama enseña a la espuma esa piel donde sólo
las brújulas unen a las cenizas.
 


Guillermo Paredes Mattos