domingo, 26 de enero de 2014

Adios de Peces





Cuando algo como un raciocinio cuelgue
su àrbol de sangre.
Cuando quiera encontrarse sobre cielos
de ceniza.
Y se derrame la infamia de una corola
adornando
el manantial de los cielos.
Cuando despunte el sigilo en mi vertedero
y ascienda humedo
sin reconocer ninguna palabra.
Y el verbo, ese niño que aprendiò
en mi sangre
sepa que mi lugar està debajo
de los astros
pero no en su vida.
Cuando una noche de serpientes
pierdan sus brùjulas
y se enamoren de mi lecho.
Y en mis ojos el horizonte pueda deletrear
el nùmero de la hoja
el algebra del mar como un centauro
que dibuja cristales
en mi pecho
aquellos que vieron la piel
antes que mi ser.
Cuando perciba como el iris
o el eclipse que llega de la nieve
y un barro demacrado forme
la mujer que amè en
las calles.
Se dice que estàn los àrboles
condenados a las aves
y que el mar es una superficie
que no quisiera en su corazòn
profundidades.
Pero he de saber
no sòlo en la apariencia gime el brillo
tambièn lo hace en lo profundo.
Goletas de metal para esta fàbula
de bronce
seduce el molino con sus aspas
al viento
resiste el amor sobre el corcel desnudo
de la duna
se abre entre los dientes
un labio de profeta.
Y en la esquina donde el sueño empieza
a convertirse en juglar
algo como la linfa llora
en un adios
de peces.

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