La espuma: el lenguaje. Abres idolos
de ànforas y todavìa arrojas crines
a los barcos dotados de sobrenaturales
ejemplos de cosmogonìa.
Primero un sacrificio escrito en una gota, luego
la rama dotada de bacilos, màs allà
el desprecio formal para un
sobreviviente de cadmios y papeles: quizà
tenìa un nombre.
Extensas lenguas destilaban universos
de aulos, la silaba de enclopedicas palabras
un desplazamiento logrando
adquirir continuidad entre estelas
donde la apariciòn podìa sorprenderse
mutuamente y en complicidad con
la imaginaciòn mientras esta habìa cruzado
ya el barro.
Tambièn una cresta.
La corriente del manglar.
La espera del unisono entre
sus trapecios -ya los habìa construido-
El perfume del candelabro sembrando colores
en diagràmas donde la voz pertenecìa
a una piràmide.
Desde ella silenciosos ritos por
la noche te decìan
que en cualquier sombra de una efigie
se mueve un antepasado.
Y sòlo debìas sentarte para
hablar con èl.
Guillermo paredes mattos