Porqué hoy sólo queda una esquina
y en ella este ser sigue máquinas
de soberbia.
Tanto pájaro a mi alrededor me recuerda
que mi tarea de asesino no acaba
ellos tuvieron mi corazón una noche
para victimarme,
pero me abandonaron a esta silueta
desasida o sigiloza dada mi circunferencia
escarbada por un elixir
o un tropo.
Pero la sal enfrenta memorias
y en cada sepulcro la experiencia describe
o mutila
y caminan los halos
como una generación que examina el mundo
en el acento del músculo
llamado oido.
Pero la nieve es la única que detiene
el invierno
y una conjunción une sentidos de agua
llevados por mi semántica...
ah mi semántica,
si pudiera recoger el símbolo que rueda en
su aurora,
finalmente convertido en simbolo
me perdería en mis ojos.
Pero artista de trapecios
despierto como el último habitante del sonido
presto a desertar como una pupila
arrojada a la llamarada
del viento o la corriente
dictada por el celo.
Y sobre cada espejismo
doy a mi existencia el jardín del vidrio
para recordar si puedo mirarme lejos
de mi rostro
y como entonces.
Guillermo Paredes Mattos
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