miércoles, 17 de julio de 2013

Epifanìa de mis Calles





Epifanìa de mis Calles
 
 
Este ciclo, su percusiòn de buho
o las veces que imita un sonido
y mas antes, asumiendo
esta hipotesis desde una dimensiòn
llamada palabra.
 
Este ciclo, presentàndonos en un hemisferio.
Por antonomasia sagrado.
Por ontologìa discreto
y hay tanto escrùpulo al escupir a la vida
que una calle no encontrò mejor forma
de traicionarla
que acabando con su soplo en una esquina.
 
Pero ante la acera de enfrente
llevo un parietal
debajo de mis epitelios
y màs abajo una idea no es pensamiento,
ni la abstracciòn el hecho
de ser religioso como una ironìa
despidiendo ciencias antes
que muera mi paso en esta acera.
 
Esa que en este instante se està convirtiendo
en esquina.
 
Esa que tengo que cruzar para seguir
viviendo.
 


Guillermo Paredes Mattos

Las Màquinas de Soberbia




 
Porqué hoy sólo queda una esquina
y en ella este ser sigue máquinas
de soberbia.
 
Tanto pájaro a mi alrededor me recuerda
que mi tarea de asesino no acaba
ellos tuvieron mi corazón una noche
para victimarme,
pero me abandonaron a esta silueta
desasida o sigiloza dada mi circunferencia
escarbada por un elixir
o un tropo.
 
Pero la sal enfrenta memorias
y en cada sepulcro la experiencia describe
o mutila
y caminan los halos
como una generación que examina el mundo
en el acento del músculo
llamado oido.
 
Pero la nieve es la única que detiene
el invierno
y una conjunción une sentidos de agua
llevados por mi semántica...
ah mi semántica,
si pudiera recoger el símbolo que rueda en
su aurora,
finalmente convertido en simbolo
me perdería en mis ojos.
 
Pero artista de trapecios
despierto como el último habitante del sonido
presto a desertar como una pupila
arrojada a la llamarada 
del viento o la corriente
dictada por el celo.
 
Y sobre cada espejismo
doy a mi existencia el jardín del vidrio
para recordar si puedo mirarme lejos
de mi rostro
y como entonces.
 



Guillermo Paredes Mattos

El Labio del minotauro II




El Labio del minotauro





Sucede antes del mar y de cualquier presencia.
Inevitable como esta circunstancia
de àrboles y un purpura que desciende
hasta un sistema de noches
y constelaciones
quemandose en el arrojo.

Sucede y es verdad que nosotros miramos
algo en el dìa de lìricas y truenos
en la balanza de un beso
parecido al minotauro.

Dìa de luces y pergaminos
allà donde una medalla nos aguarda.

Cuantas veces sobre los equinoccios
dibujaron las galaxias
esa dimensiòn sin mas lucidez
que la espina en la llama
buscando el dolor
del fuego.

Y quisiera a veces detenerme
entablar un dialogo con seres
que visten de rayos
cuando nada los toca
cuando el desierto en ellos es ciudad
de modernas entrañas
recogiendo chimeneas y civilizaciones.

Por ello no me importa decirlo,
contemplar es siempre habitar encantamientos
manejar dirigibles
destruir bicicletas,
este mundo es de calles que extinguen centimentros
en una linea,
orbitada por peces o cardumenes
de idolatrìas
bastardas
como un niño dorado.

O la sed de un desierto. 



Guillermo paredes Mattos

El Labio del minotauro




El labio del Minotauro
 
 
Leyendo idolatrìas
precedo a los barcos.
 
Un dìa tuve pocos años
presumìa de tanta inocencia
que los caballos dormìan en mi boca
y la luciernaga parida por la herida
ubicaba en el dolor
la ceremonia de los cisnes.
 
Hay ritos acaso.
Los hay. Legan la sepia en una duna sepulcral
igual que el adejetivo,
semàntica de huesos
y emergencia de diluvios
hoy partimos igual que los trenes
sin saber a donde vamos
con un hilo de telèfono en las manos
y un pedazo de horizonte en los ojos.
 
Esa es la vida de un hombre.




Guillermo Paredes Mattos

lunes, 8 de julio de 2013

Ceremonia del Patriarca




Patriarca, azogue de acidos, yo no lo siento.
La piel en declive en tu cuerpo anuncia
el amanecer de otras cosas, la libèlula
muerta en tus labios, indica la intenciòn
del beso en una arboleda. Pero, no sòlo
allì la muerte alcanza un insecto.

Estàn por supuesto las galaxias.

Mira ahora la escritura, sus espacios
indican que un animal vive encadenado
en ellos. Pero yo quiero que tù respondas,
hablame de los oraculos allì encerrados,
hablame de los presagios, allì
sumergidos por la vida y la muerte.

Toca el hambre. El equilibrio arrodillado
en brocales de àtomos, donde enumeranse
trepanando aùn los craneos, otros mensajes,
unas lineas anteriores a dios y los peloponesos.

Elimina los puentes y mira el oceano en picada.
Transforma el ciego en planeta.
Informale a los cadaveres de la naturaleza 
de la muerte.

Convencelos de una vez que no sigan
vagando por la vida.



Guillermo Paredes Mattos