miércoles, 6 de marzo de 2013
Municiones de la Noche
Infiltrado en la vasta serpiente de la estrofa
mira el pétalo el camino que no ha de conquistar
sólo este espíritu sabe donde moran, sólo aquí
volverán a ser una una rosa. Palacios del jinete
insinuando a la hoja simulacros para que beba
dosis de metal en plenitud de cielos, sorbo linfas
y capullos, estoy entre crisalidas y movimientos
como una serpentina o el más luminoso arlequín.
Como una citara voy condenando a los genios
como una ventana arrojo al confín a la mirada
desesperado lo que en aire de griales tiembla
efervescente como exhalo de albumina.
Para ello como siempre tengo un látigo
y comprende el que no percibe que esta luz ha
sido elegida, que esta representación es amada
por trenes, que hay nieves sí y mágicos lechos
donde todo se arrastra como canto de muerte entre espinas.
Oh la vida del que no sabe no ofrecer y ofrecer
espinas a su fascinación de lo aureo, marco cetrino
de una fuente maravillosa, dulce desafío en cada trecho,
mi destino es la luz y esta escondida entre las sombras
vibra entre posesiones de añil y maquinaciones de velos
aquí donde tiembla el temor ruedan aviaciones de ecos
y labran los caballos rojos su aire de sibila
el presagio de una cortina en el tremante
escondiendo un instante a un pájaro
para luego entregarlo a la sangre.
Guillermo Paredes Mattos
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