Poso mi sangre en el agua para que pueda en sus venas
reconocer el mar.
Labro en el último movimiento de la espuma
para oir en la cresta,
el nombre del astro que jamás ha conocido.
Presagio en el corporeo vibrar de una luna
mientras el alba me cubre de otro nacimiento,
alguien y algo que inspira conmigo este momento
cuando las algas nos cubren de arena
y todo significa que el halo perfila condiciones
luminosos que regresan a purificarse,
bastidores de anhelo cuando el ala apunta
hacia el descanso del martirio,
invencible en la extensión de una pupila cerrada
levantando el coro de la arena,
ardiendo en la lluvia de todas las albuferas
mientras una polilla rejuvenece
y la piedra repite un eco para oirnos de cerca
como trenes, como piras
como alguna inmensidad en el acaso.
Ya nos conocimos, lo sabemos
porque en el cenit una imagen volverá
a citarnos
y corromperemos un vidrio de sal,
para que sepan las distancias
que esta mirada en mis ojos no es un horizonte
y el espíritu en los labios sólo
un halo.
Guillermo Paredes Mattos
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