lunes, 25 de marzo de 2013

El Castigo del Deseo






 
 
Esgrime en el cielo un ave el laberinto de halo
que dice misterio.
En esta noche debería crear algo como una ventana
vibrando en las manos del eter.
Pero era mi periplo la sabiduría de una soledad
acariciando sus raices.
Tensada por el amor en reinos de mejillas donde
sólo la brisa es el llamado.
Hilos de pitonisa en cada madreselva, veo la galería
donde el universo me dió su peso.
La balanza dentro de la voluntad donde el todo
adquirió respiro de desmayo.
No debería encontrarme entonces con sus ojos, con
su pupila arrojando llamas.
No debería detener la danza en mis dedos y suspender
el principio como la arena.
Veo la orilla, en ella el cielo olvidó su reflejo y el mar
tensó en su alma lo insomne.
El cuello del cisne donde invocaba una mantis, el puñal
del miedo entre los manantiales.
El hijo de una pródiga dinastia de mercenarios libando
el pudor en horrores de seda.
No debería el desierto conocer el exilio hasta el momento
donde no queda nada.
Ni siquiera el labio pronunciando en la misericordia
la silueta de su reflejo.
La divinidad de un barco impregnando la distancia
de intuiciones.
Un rey que en una balsa desnuda finalmente el exilio
gravido sólo de horizontes.
Tengo uno para mí invisible y diferente cada madrugada
su voz es de rocío.
Guardo de esas memorias lo que no ha de amarse, lo que
sólo es para el canto y los ojos.
Qué dirían éstas pupilas si abandonaran la mirada, que leyendas
entonces contarían.
Qué legendario en mi boca un aprendizaje sería una mafia
de bosques y lunas.
De rabias que detienen el curso de la marejada a través
de otros estros.
Pero dios ha de amarse juntando cenizas en la madera
de todos los lamentos.
En las ciudades donde la sombra aprende a maldecir
la hojarasca de la libelula.
Y una canción desciende de un espejo hasta convertirse
en mi boca.
En este cometa listo para partir a cada momento de
mis dientes.
En este bolido que tritura la vida que lo lleva antes que aquello
a lo que fué destinado.
Ah, el destino, sigue siendo un yelmo de vidrios rociando
de caballos el norte.
El equilibrio de fuentes de espuma donde la hormiga escribe
de brocales.
De mistericas denuncias donde el juicio reclama para sí
otra herencia.
Un estambre como un jugador de naipes arrastrando
hacia el castigo su deseo.

 
Guillermo Paredes Mattos
 
 
 

jueves, 14 de marzo de 2013

Las Brùjulas de la Ceniza






Las Brújulas de la Ceniza
 
 
Se dice del agua cuando las brújulas persiguen un sino
de pústulas ardientes.
Cuando el pájaro disecado en al aura es también una
serpiente en el cielo.
Miro, la lluvia pertenece sobre todo a la luna y es tropa
de invisibles conjunciones.
El cardumen de un pez en al agua invocando una palabra
de hilos y trascendencias.
La voz de un color que es azul pero que puede dividirse
como una palabra.
Y unirse en cualquier espacio y en cualquier instante como
también en la vida.
Deslizar una llama en la placida aventura de un extravío
entre las escolleras.
Desde aquellos bancales la aurora transforma su aliento
algo lo llama existencia.
Pero nosotros que descendemos de linfas y que amamos
sólo la sed del tallo.
Nosotros que miramos desde plazuelas de sal como caen
por las murallas los lagos.
Que escribimos sobre superficies de manantiales porque no
hay versos que se sostenga en ellas.
Y entonces sumerge sus heridas sobre hemisferios de linfa
y volvemos entonces a buscarnos.
A empezar ese destierro que sabe a collarin o el bucear en
las ruinas de un minarete.
De un algebra que abre terciopelos y que vuelve a humedecer
extrañas cacofonías.
Cadaveres de barro en los hilos donde una presencia busca
el horizonte y enciende un brazo.
Luego la llama enseña a la espuma esa piel donde sólo
las brújulas unen a las cenizas.
 


Guillermo Paredes Mattos

Idea de la Luna





Dice que de cada pensamiento lo que emana es confìn
de prudencias.
Que el pudor lleva horrores como una venganza
y la intuiciòn es un bosque
de satiros
con la luna.
Mi idea de ella es como un barco de hojas
suspendido en la noche en el vuelo
de un pàjaro
convertido en murcielago.
La sensualidad es el naipe que lee mil labios
el viaje de un àtomo que no es jamàs ceniza,
pero lo quiero colocar
en el purgatorio donde crece un minotauro
en el andrògino cielo de mi burocracia,
casi llevo espinas como la sagrada demagogia
para ir a los trenes
de mi metafìsica nada sè
por ello en su poètica hay sòlo manifestaciones.
No soy un mercenario si es que no desciende
esta idea
incendiando el helecho de un cirio en su reminiscencia
y soy bajo profetas de vidrio
el fuego despidiendo en los labios la ùltima llama.
Los corceles mientras tanto
oyen entre la nieve
el sepùlcro que deja en cada espiral un pergamino
y encuentra el horizonte el ojo de un coloso
azotando falanges entre las tinieblas.
Pero no detengo el sonido en la palabra
allà en la providencia del eter
vibra el sìmbolo.
 


Guillermo Paredes 

sábado, 9 de marzo de 2013

La Purificaciòn del Pergamino








Poso mi sangre en el agua para que pueda en sus venas 
reconocer el mar. 

Labro en el último movimiento de la espuma 
para oir en la cresta, 
el nombre del astro que jamás ha conocido. 

Presagio en el corporeo vibrar de una luna 
mientras el alba me cubre de otro nacimiento, 
alguien y algo que inspira conmigo este momento 
cuando las algas nos cubren de arena 
y todo significa que el halo perfila condiciones 
luminosos que regresan a purificarse, 
bastidores de anhelo cuando el ala apunta 
hacia el descanso del martirio, 
invencible en la extensión de una pupila cerrada 
levantando el coro de la arena, 
ardiendo en la lluvia de todas las albuferas 
mientras una polilla rejuvenece 
y la piedra repite un eco para oirnos de cerca 
como trenes, como piras 
como alguna inmensidad en el acaso. 

Ya nos conocimos, lo sabemos 
porque en el cenit una imagen volverá 
a citarnos 
y corromperemos un vidrio de sal, 
para que sepan las distancias 
que esta mirada en mis ojos no es un horizonte 
y el espíritu en los labios sólo 
un halo.




Guillermo Paredes Mattos



Cronopio del Sextante







Se encontrará la noche con el amanecer
y los árboles envolverán el rito con el sueño.

Podré mirarlo, tú que apenas juntas fuerzas para el aliento
y cifras el soplo entre arcos y muralla tejidas por dios
para tus ojos.

Pero el aguila no puede sostenerse allí donde
como una queja se eleva un ruego.

Ella es voluntad de la eternidad
grabando el universo en su corazón
y la creaciòn del cielo.

Se encontrara la noche
caerá como el cenit,
como un levante en el pubis que rueda
entre cronopios de seda junto al destino.

En las brújula donde el simbolo se acerca
como un asesino.
Guillermo Paredes

Disfraces de Luna






Hay marejadas que son máscaras de insomnes instantes
donde el oráculo atraviesa cada atomo de la vida
y se aleja como un heraldo de la existencia.
Ríos ardientes, más que el frenesí, que el coro
y su silueta embarcándose en emboscadas de agua
cuando la sed se derrama por el universo buscando una sílaba,
un racimo que la espuma convirtió en poesía.
Fascinado por mares inasibles cabalgo en mis noches
no tengo posada, no tengo ventanas, no hay ningun navío
todo lo que puedo tomar lo es desde mis presagios
y hay un presentimiento en cada estela, desde aquella
que deja el ave hasta la que vio la luz primera.
Extasiado y aprendiendo que no será el ultimo lugar
de mis sentidos, tampoco de mi inteligencia, llevo
esos ruines lugares a marchas de relámpagos,
a columpios como el sol, a ruegos de ciencias
que nacen cuando vibra el resplandor, cuando palpita
la emoción de un animal sobre la arena
cuando la vida lo abandona y éste se entrega
al último latido de su cuerpo como lo hizo ante el primero.
Ciudades de vidrio en mis ojos, mi corazón pudo
ser una historia, pero elegí la leyenda, hay vicios de farol
y cemento pero el mío muerde sepulcros,
donde uno al mirar la lejanía sabe que ese brillo
a lo lejos, es la más serena muerte de un astro.
 
 
Guillermo Paredes Mattos

miércoles, 6 de marzo de 2013

La Ciudad de la Rosa






 
 
Es el agua sin ningún exorcismo quien devela a la noche
desde sus percusiones.
El halo donde el ayer se perfila y niega la alquimia a la mentira
su paso por la arena.
Aquí en el estuario quien se derrama es escencia de un labio
que perdió el camino a la palabra.
Que se persigna en el verso de un candelabro como un estigma
de significados.
Que se inclina a decir un pájaro prohibido en el canto mas insomne
de la albúfera.
Lugar donde un velamen detienese y ondea cristales de retornos
hacia la providencia.
Es que dios ha puesto raices en cada átomo y mi camino es
sólo aprender a olvidarlas.
A escuchar en el himno de espinas tempranas, que no sólo en
la garganta se filtra un sueño.
Que no sólo el pensamiento lleva esquinas como la linfa, el aceite
o el tallo.
Y todo es indicio de casi un desierto, el experimento de un extravismo
enumerando idolos de ceniza.
La extraña silueta de la compasión en el barro rozando por
primera vez la llama.
La piedra más secreta de un dedo en las murallas formando
ontologías con los horizontes.
Y no es que el ente haya disecado los rieles de este paladar
yo siempre estoy sediento.
Si cada aurora es la noche que muere entonces mi pecho
es su sepulcro.
Y en cada memoria de un alba la transparencia en ella
vuelve para evocarse.
Para tensar esa reminiscencia que vió el anhelo parir el mundo
sumergido de una rada.
De esas patibulos que llevo en mi cuello para que la ola llegue
y mi piel pueda colgarla.
Hasta un lugar donde se esquirla el orgullo de un halo subterraneo
antes que ser tocado por el hombre.
 
 
Guillermo Paredes Mattos
 
 
 



Uno Sucede







Uno sucede porque el cielo está rodeado por el universo 
porque hay calles como sagrados inexpertos, buscando 
un retorno entre ardientes pupilas, junto a legendarias llamaradas. 
Uno sucede porque cada noche huimos del pensamiento 
y seguimos al péndulo en su viaje a los astros 
al pergamino que llega con una mañana, 
elevando noticias de la arena, muladares de polvo 
su crepitar en el helecho doblado por la tarde, 
por el cenit de un marchitar descifrando motines 
espejos con el sueño de un evangelio, 
disputando un respiro al corazón 
al aire que se pierde en las entrañas 
sin decirnos jamás como somos. 
Porque no hay pócima donde no nos hayamos perdido 
y tan errantes como algun solsticio 
quebramos una hoja en cada árbol, rompemo un vidrio 
sepultamos cualquier iridiscencia para ser nocturnos, 
relentes que tensan su espíritu en una madrugada 
en el arco que forma al agua al partir de lejos, 
como un iris que ilumina icaros formados en cada minarete, 
junto a un collarin, el tropo es quien devela en mis manos 
una aurora como el sometimiento 
una luz poseida por feretros de savia, 
por la linfa de un amor que acecha sólo lo posible 
y se aleja entre la duda de un festín para elegir mil veces 
para guardar rocíos, para escapar recodos. 
Uno sucede porque un centauro es también un murcielago 
y yo cuelgo eslabones antes que el mar llegue a la arena, 
antes que el mar descubra que llegar a la orilla 
sólo significa ahogarse. 


Guillermo Paredes Mattos

Municiones de la Noche







Infiltrado en la vasta serpiente de la estrofa 
mira el pétalo el camino que no ha de conquistar 
sólo este espíritu sabe donde moran, sólo aquí 
volverán a ser una una rosa. Palacios del jinete 
insinuando a la hoja simulacros para que beba 
dosis de metal en plenitud de cielos, sorbo linfas 
y capullos, estoy entre crisalidas y movimientos 
como una serpentina o el más luminoso arlequín. 
Como una citara voy condenando a los genios 
como una ventana arrojo al confín a la mirada 
desesperado lo que en aire de griales tiembla 
efervescente como exhalo de albumina. 
Para ello como siempre tengo un látigo 
y comprende el que no percibe que esta luz ha 
sido elegida, que esta representación es amada 
por trenes, que hay nieves sí y mágicos lechos 
donde todo se arrastra como canto de muerte entre espinas. 
Oh la vida del que no sabe no ofrecer y ofrecer 
espinas a su fascinación de lo aureo, marco cetrino 
de una fuente maravillosa, dulce desafío en cada trecho, 
mi destino es la luz y esta escondida entre las sombras 
vibra entre posesiones de añil y maquinaciones de velos 
aquí donde tiembla el temor ruedan aviaciones de ecos 
y labran los caballos rojos su aire de sibila 
el presagio de una cortina en el tremante 
escondiendo un instante a un pájaro 
para luego entregarlo a la sangre. 



Guillermo Paredes Mattos

El Màstil de Fuego








Mi corazón debería saber que el amor es un sutileza 
y que la noche a su lado forma demasiados rocíos 
como para creer en el verano y en sus fórmulas. 


Pero esta calle es como un eco roto y no recuerdo el sonido 

de su batalla, sé que sucedió un día y fue una escena 
de bandidos cuya muerte aún cuelga de los cielos. 


Mi corazón debería espectar representaciones donde cae 

como un hecho, como una pubertad construida por los celos 
o ese vidrio que traen los pájaros en sus ojos y donde sólo leo. 


Aires de fuego para aquellas imagenes donde orbita 

aún mi espíritu hablando de dios y de los hombres 
confundido en amaneceres de metal y digo confundido 
y sospechando de mi engaño, porque aún para sospechar 
hay que emanar lucidez. 


Aunque ella sea la cara oculta de la locura. 




Guillermo Paredes Mattos