sábado, 29 de diciembre de 2012

Introducciòn a una Llegada






He de encontrarte
sumergida en la hoja
de un demonio azul,
de una lluvia posando su estepa entre
los árboles
y aquel laberinto donde recuerda un manantial
el ansia.

Recibirte en el vértigo que de ti más allá
es de la vida,
derrumbar las huellas que sólo convertiste
en palacios
y oirte errante,
entre legionarios de nieve
conduciendo cicatrices que aladas
cefiros son de lo que inasible,
encierra en carceles de espuma
otro soplo.

Pero el mar no alcanza jamás el horizonte
y vuelvo a las columnas
de un sudario celeste,
donde la tempestad me cuenta
que me has negado tres veces.

Estelas que desprendense de tu cuello,
colinas que agonizan sin encontrar la
otra orilla,
en ellas se levantan tus pedazos
y se levantan
porque sólo esta herida puede unirlos.

Pero esta noche elevemos una carcajada
blanquecina como el aura
de un pájaro cuando viste el universo con su vuelo,
y a ese dolor grabemosle en la frente de
la tierra.


Guillermo Paredes Mattos

Aquello Sobrecogido por la Luz






 
Aquella era la luz,
el rostro de un candelabro emergiendo
de las aguas,
y el aura del destino
formando el rocío en la corriente,
el cefiro helado de junio despertando a la creación
como a mi cuerpo,
y el hemisferio agitando lo que nos pertenecía
lo que era para cada uno bajo el cielo,
lo que tuvimos que recojer debajo de las hojas
para poder elevar una vida,
su latido precipitándose sobre cortezas y mantis,
sobre arpegios que dilataron la llegada del amanecer
pero no pudieron evitarlo.
Ella era la luz,
de nuevo respiro titanes y enhebro el trafico
de una brujula rendida en las aguas,
abrazo las cenizas que moran en el silencio
y abro el corazón de la soledad
aquel que no cifró en el nuestro su latido,
otra vez soy el puñal que rasga el velo
de todo lo secreto,
sólo para contemplar el misterio.
 

Guillermo Paredes Mattos

jueves, 13 de diciembre de 2012

La Musa de Espina






 
 
Aqui mis labios te recogieron en un palabra
y te entregaron al mar,
desde entonces cada aurora aguardo tu regreso
confundo tus ojos en cada crestra,
y en el presagio que deja la espuma sobre la superficie
mi memoria le canta a tu orgía.
Veo otra vez la sensualidad desnudando lo alto,
la piel profanada por una caricia,
la insaible furia de la espina
cuando hiere el alma.
Contemplo la noche que jamás volvió al cielo,
el crepúsculo que marcho a la deriva,
el alba corriendo hacia lo inasible
y entre arpegios y palacios te busco,
digo el nombre que el devenir extingue en una oración,
confundo el llamado de un dios en la arena
aquel que sólo tu voz responde.
Era de luna y todo lo amado había partido,
nadie volvía de la desesperación para llamarte,
bastaba saber que la mirada es ciega cuando
se acerca a tu beso,
que desde el terciopelo supiste hundir una maldición
y condenado entre copulas alzaste
aquel que había dormido,
que volvía de su sueño para entregarse al tuyo.
Esta es mi gesta dice el idilio,
pero aún en las noches cuando descifro mi angustia
y como un corcel desesperado
cabalgo por el universo para encontrar mi morada,
tu recuerdo me dice que aún tengo una leyenda en el alma
y que esa no podrá morir al lado de la vida
y yo como hombre tendré que encontrarte.
 
 
Guillermo Paredes Mattos

Las Escarchas del Vertigo








Sólo recibe el soplo aquella sangre,
invadiendo el misterio donde hoy han cifrado
la hoja y la ráfaga su sueño.
Lejano es el cielo contaban los pájaros
y era el principio la luna ocultando el hemisferio,
era, el corazón enterrado en su brillo,
en ese renacer que deja la estela
cuando va a partir hacia la nada.
Sólo es del halito quien ha navegado cristales
quien fulmina en sus venas toda vida
y encuentra el secreto para desde las sombras iluminarla,
sólo es el legionario que hoy
sobre orillas celestes se inclina,
acariciando el tormento,
el ciclo de escarcha y vertigo,
allí nos encontraremos canta la soledad,
y en los labios viaja hacia lo inasible ese beso
muerto en el barro,
asesinado por un horizonte
y levantado otra vez por el anhelo,
por ese angel que no necesita cielos para amarse
y que recuerda el paraiso,
desde el mágico suplicio
que toda alma tiene que cruzar,
antes de convertirse en hombre.



Guillermo Paredes Mattos

Las Ruinas y Cetros






 
Voltea el pétalo su recuerdo de resina
sus lunas recogiendo el amor.
Han vuelto de tan lejos, como ayer han arrastrado
auroras en su cuerpo,
sentinas de luminosos bastardos
desiertos donde en invisibles juguetes
dominan un sueño de papiros.
Lenguas que pastan rubores dormidos
que alimentan la lluvia de metales,
que dicen inspiración y pubis y olvido.
Lenguas que viajan como pájaros
sangres de cielos en sus alas,
música de crepúsculos que postreros
resisten desde su agonía entre la nada.
Vertederos donde bordean los ciclos
el festín de la cresta en la ráfaga,
en ese invisible furor que calza el aire
entre tramontas que huelen a papel,
a brillo que rodea pergaminos
y hasta le inventa un alma.
 



Guillermo Paredes Mattos

Los Imanes de un Angel







Puede la espuma separarse porque es una hoja. 
Desprenderse lucida entre los árboles. 
Cantar como el rocío sin descender de la lluvia. 
Como ayer mis esquinas vuelven a jugar con el cielo 
y soy como cualquier horizonte. 
Sólo en la distancia puedo encontrarme. 
Voces de cometas que trazan corceles 
y emiten el sonido de una orilla donde existencia es 
un purgatorio de trenes. 
Mi sensibilidad no tiene la velocidad ni el equilibrio 
de una rosa. 
Pero lleva epistolas de ciudades y experiencias 
que oprimen los azules. 
Del amor tengo la contemplación mas profunda 
esa que roza eternamente superficies. 
Puede la espuma inventarse porque está llena de enjambres 
porque sus labios pueden convertirse en una abeja 
porque en su linfa la savia de lo estelar 
presiente que el invierno es el mal de una liturgia 
nombrando silabas para centauros. 
Y puede como uan cresta coronar la ola 
disecar esa imagen en los iris 
porque estos 
sólo sirven para cointemplar las aguas 
no para tocarlas. 
Pero aqui en esta madrugada conservo mi cítara 
y sabe mi corazón que ninguna pureza ni ningún infierno 
podrá acompañarnos hasta el alba. 

viernes, 23 de noviembre de 2012

El Evangelio del Mar








 
 
Está el mar sobre una superficie de alas
que liban su naturaleza.
Arrastra la fortuna de un eco en su viaje final
hacia el silencio.
Vibra en la armonía de una campana tomando
de la marea su reflejo.
Compone una música trágica cuya invención
es un huerto.
Un jardín de heridas donde desnuda el verbo
su amanecer de retinas.
El plural que se pierde al intentar tomar
el universo.
La forma de un palacio construÍdo en los dedos
por la nieve.
O el candelabro que inspira municiones ahora
que he escuchado.
Torrente que descubre en un puñal la memoria
de su inocencia.
Nosotros la llevamos para que como ayer el dolor
vuelva a traicionarnos.
Y sea canción de metal que brilla en el acero
de las caravanas.
De este crepitar tomando los espejos de
una montaña.
Ese extraño reflejo donde el brillo se confunde
en una imagen.
Está el mar como un soberano que vuelve a
destruir planetas.
Un borracho de sal que esgrime disputas en la
casa del desierto.
Un elixir en el conjugar del agua con un espía
de voces submarinas.
Un tremante donde la ironía presenta su postrero
encuentro con la lluvia.
Camina repitiendo el halo que sus mágicas
penumbras conocieron.
El extravío de una melodía que en su lira
abandona al plañido.
Y éste enfrenta esa distancia que esta enferma
entre amarillos horrores.
Ciencia del que brama en su epístola de navíos
con las uñas.
He sido liberado sólo por lagunas que perdían
su piso en el sueño.
Fuí seducido por cacofonías, bebo antologías
que no son de agua.
Dejo a la belleza porque es demasiada perfección
para mi sueño.
Concibo la derrota como un cuaderno que divisa
la noche y su itinerario.
Está el mar y mi espíritu camina sobre las aguas
pero sin ningun evangelio.
 
 
Guillermo Paredes Mattos
 

El Pèndulo y la Supersticiòn







 
 
Durante la hoja arriamos expediciones, viejas
como un frío, un corredor de errantes evocaciones
que dieron su palabra al mar como a un árbol.
Allí es una plaga el desvelo, iniciando el camino
a través de los ojos y apagase el surtidor
de aquel encantamiento que sólo el viento predice
y que el corazón desplaza en sus ruidos.
Aires de pupilas para oprimir svasticas
metales de hondas cavidades azules y colores
de un río separandose del agua. Como el astro
invitamos a la noche para encontrar nuestro brillo
sólo que indicios de lluvias y espectros de algas
como máquinas de vidrio nos miran.
Durante la hoja es seguro un retrato del aire
un sendero sin navíos ni puertos, un piélago
incendiando enemigos de seda, un arduo confín
en que se rompe el prodigio como filtraciones de lunas
aquellas que emprendieron un eco sin saber de nosotros.
Y es seguro que nadie se templará entre su duda
y caminaré diciendo la sílaba de lo que no te toca
de lo que pertenece como una mano derecha,
o una serpentina cayendo en sus alas
como un mago dormido y huyendo de su treta.
Entonces divido el instante hasta cualidades de agua
hasta propiedades de arañas juntandose en la niebla
y veo jaurías levantadas por un soplo
y la aurora trae enjambres de aquella cadencia
que acampó en mi amor como un barco
sólo que mi espíritu tuvo que encontrar su oceano.
Durante la hoja escribimos de albas y cetrinas edades
temblorosas orillas de carbón donde la ceniza se une
otra vez en un sueño y canta palabras de lobo desierto
mordiendo la savia del arbol como el reflejo hambriento
de un astro. Yo he dicho mi boca, he atravesado el número
que pervierte de ecuaciones el iris, que lo aleja dentro
del espacio hacia un vertedero
y entonces vagamos, entonces inundamos de madrugadas
las piedras y los filos nos dicen
que llevamos en el rostro el fulgor de un rito
donde nuestros pesebres y nuestras coincidencias
caminan entre realidades que sólo huelen a noches
y auroras.
 


Guillermo Paredes Mattos

Entre la Imaginaciòn de las Hojas






 

                                            
 
He contemplado la esfera, viciosa en el hilo de una expresión
llevada por marejadas invisibles como ese momento
desprendiendo ardientes topacios de sueño.
De repente en su brillo, también en su credo, en aquella visión
descendiendo como una manada del deseo, corrigiendo el ala
del trapecio, el hilo de ese péndulo que toca el mar y nos adentra
entre sigilozos guardianes que lo han visto todo y huyen
entre planetas de agua, esos que se extinguen como la cresta
en la espuma. No tengo conocimientos en ellos, mis pergaminos
duran apenas una noche, no vuelvo a la nave que vió mis pupilas,
que escuchó mi oración, no reclamo, no escribo de ciencias
mi estética es posible mientras dura lo ardiente,
como una mística de alas y pájaros de carbón,
vórtices de piedras y caminos de azufre
dejando su plegaria
en la pira del viento, donde la ráfaga
tumba el monólogo de un filo con la certidumbre
y la noche calla, el amanecer se extiende y nada es profundo
mientras los cielos se dividen dentro de nosotros.
Renaceres de espíritus que tejen los ósculos
de ellos un punto de alza para tocar una linea
y esta se une a otra hasta vibrar en un horizonte,
serpentinas de un hondo pañuelo, las calles despliegan
la imaginación de un río,
el manantial que lo ha despedido mientras
dura el cometa,
hay aquellos que corren en el cielo
y partieron de nosotros, esta vida es
sólo si vuelve a tomarlo, esta vida es
sólo siguiendo su estela
y dejo al rocío su tarea deinvierno
la de mojar y perecer entre hierbas,
ese no es mi sueño, no lo conozco
todo es posible sólo si desde lejos lo invento
y corro entre galerias de grutas y de truenos
de estaciones como un estuario de sal
donde aprende un centinela a derramar en la orilla
como este vida, sus ojos.
 
 


Guillermo Paredes Mattos