El pájaro detrás del mundo. Junto a él
un universo violeta que cegabase en el limbo
donde las ballenas practicaban el vuelo.
Situabamos cartas de azufre en el verano
para seguir imitando a los huesos. Pensabamos
en lineas mas culturales que el horizonte y
el cachorro.
Nos despedimos sin ninguna perpendicular
en el alma, ebrios de circulos centrifugos.
Igual que cuando al irnos pensamos en una
flor -ya rosada- en los himnos.
Pensamos literalmente las cosas, el fulgor
de lumbre, la misteriosa podredumbre del
día cuando la nada pertenece a sí misma.
Y algo bañado de acertijos se desprende
descendiendo a esa podredumbre.
Y en la oscuridad encuentra, nuevamente
con la flor.
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