sábado, 15 de noviembre de 2014
Subjetividad Geométrica
Tenìas un tornasol creciendo en los alrededores.
Los gestos del dìa en una fuente, los pretiles
del gallo uniendo viceversas.
Añiles desde el vidrio reconocìan en sus extrañas
inscripciones de galgos.
El universo era de cualidades entonces.
De sustantividad geòmetra.
El mundo era el impulso de un recorrido
donde se marchitan las celulas.
Un conjunto de concatenaciones.
Un limòn donde la sincronicidad caìa.
Esa sincronicidad tenìa un ajuar ademas
de caidas.
Manadas de hienas miraban desde sus torres.
Y el terror a ser, era enmudecido por uno màs
terrible llamado existencia.
Colgabamos de los arboles para ver la
hidra.
Esta dormìa sobre los desiertos de la tierra
igual que lo boreal o el castigo en los hechos.
Veìamos la hidra, pero ademas nos sentabamos
en los orgasmos
Preferìamos ser ahogados por el aceite mas
que por los equilibrios del polen.
Y de toda su subjetividad geométrica.
sábado, 8 de noviembre de 2014
Poema
Al escribir del mar debo convencerme de
que es un solido.
Que por la noche se dedica a dibujar en los
planos, solamente cartilagos.
Que se descompone a veces lleno de baladas
luminosas.
Para vivir tal mar debe tener rascacielos y
fraguas.
Mundos para los cuales nunca fuimos
entrenados.
- la vida jamás es suficiente-
Debe acariciar puertos de sol sin garrochas
Debe tener un paralelo.
Pensar en sincronicidad cuando atraviesa
una playa.
Al escuchar del mar no nos queda mas que
tabus: y por más que no sepa de ello me
parece que estoy en los relojes de su mas pura
existencia cuando tiemblo y la oscuridad que
conozco, sacrifica su ciudad de frío para que
mi espiritu haga lo mismo.
Tal mar debe ser como un oso -cosa imposible-
es decir inasible en los puertos del reloj que
convertido en vidrio o pacto con los racimos
busca un simulacro de barro en los destellos.
Poema
El pájaro detrás del mundo. Junto a él
un universo violeta que cegabase en el limbo
donde las ballenas practicaban el vuelo.
Situabamos cartas de azufre en el verano
para seguir imitando a los huesos. Pensabamos
en lineas mas culturales que el horizonte y
el cachorro.
Nos despedimos sin ninguna perpendicular
en el alma, ebrios de circulos centrifugos.
Igual que cuando al irnos pensamos en una
flor -ya rosada- en los himnos.
Pensamos literalmente las cosas, el fulgor
de lumbre, la misteriosa podredumbre del
día cuando la nada pertenece a sí misma.
Y algo bañado de acertijos se desprende
descendiendo a esa podredumbre.
Y en la oscuridad encuentra, nuevamente
con la flor.
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