sábado, 27 de septiembre de 2014
Poesía
Revisarlo guille, no lo olvides...
Escribimos un dìa.
Podemos extender tal dìa hasta llegada la noche
y con ello desplazar su escritura.
Ser juicio del caballo. Acariciar
un plantigrado.
Logramos extendernos en aquel y en una conciencia
que toma el peso del insomnio
agolpado de cadetes.
Alzamos una nube en las paredes al percibir
su siesta. La voceamos.
Nos pertenece el axiologico ambar de la
novedad.
La posiciòn del cometa cuando llena de
trigo la escollera.
Conocemos el hoyo por donde huyen los
bueyes con sus enciclopedias.
El semàforo donde el polen limpia sus cabellos.
El pielago sin puertas. Incendiamos
antologìas donde el salmòn camina con
su mascara de fiebre.
Forasteros de la linea escribimos sin embargo
que la extensiòn es un cociente.
Un salmodiar. Un emparentarse con polos
y bolsillos llenos de liquido.
Pensamos en las uvas cuando vuelan
desterrando el aceite.
Poligonales.
Cerebralmente etereas igual a los cardumenes.
Con la musica al desvanecerse entre rasgos
psicodelicos...
O los extraños mandarines que llegan
desde las linternas.
Buscando en uno de tanto verso una muralla
china.
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