martes, 4 de febrero de 2014

El Ciervo del Retablo





Con la materia de un barco anclado en el designio
conservando los frutos el metal de la argamasa
cortando vidrios de maderas
en falsas poesìas.
Hasta aqui no llegan los gigantes de los ojos
y de cada noche una luciernaga
deja el alarido y un grito en la cienaga.
Los sueños al correr posan ligeros sus ojos
fabricantes de ruedas miran sus imagenes
desplazar laberintos
en bolsillos y medias.
Apariencia de un latido en forma de cabaña
caminamos entre ropas de prados
en la retina de los bosques
y hundimos partituras de ensueño con la sutileza
de un adios en lo ardiente.
Ella era una màquina, una palestra
de condiciones para una avenida, la ciudad sin calles
de un mandarìn perdido.
Pero me relato en la niebla de un halo
un dromedario en bolsas o arnes
comulgando con estilos de velos en las maderas
incinero la guillotina de mis falsos verdugos.
Ah fabulosa la ciencia de un estrabismo en
las pupilas
las balsas de un rostro empreden su carbòn
de agua
y en un suplicio la imagen vuelve a recordar
que no llego a la vida
para oir el sufrimiento
aunque tambièn lleve sus heridas.
Adioses, la vida es como un ciervo que crece
en los retablos
el indicio de una sospecha, el caminante
de una carcel de vidrio.
Adioses, ustedes repiten laminas muy cerca
del diamante
cuando este labio esta agonizando en el terciopelo.
Con la materia de un barco en el velamen
de una distracciòn llegando de las paredes
suplo mi conciencia en un lugar de estrados
donde mira mi corazòn la noche.


En ella reventaran hasta el amanecer mis pustulas.


Guillermo paredes mattos

Ficciòn Lunar






 
 
 
Aunque en el vacío se ignore este bosque
uno mira dentro del ruido igual que el silencio.
Alada es la serpentina de un barco
el caminar amarillo de una corola en los arrecifes
la nieve de plagas donde el mar construye sus marismas.
Aqui crecen otros labios
impregnan de calles con el sol sus huertos
jardines de misteriosas trampas donde orbita
el misterio una presencia, un golpe
de iras y de aceites.
Holocaustos como una firme condición
de liturgias,
me conoce la arena porque ambos llevamos
la ambición del frío
la sed profunda de los manantiales
la mano izquierda de la inspiración en los ojos,
me conoce la ráfaga porque no temo a mis artes
y en su extinción semejo un escrutinio
curando heridas de un espejo.
Caminante que hablas con una montaña
mineral del carbón y del suplicio
si escribo junto al destino
es porque está lleno de ciudades
y en cada capital sus cenizas transforman
esta soledad en leyendas de átomos
en fulgores colgándose de una mejilla
inhalada en un parto de cometas con el eter.
Palco de naves que persiguen el cielo
lidia el placer su morada de cansancios
con la hierba, asume estaciones
de extrañas perdiciones untadas de barro,
fermenta rocíos en la hoja muerta.
Pero aqui, en el reloj de la lluvia
siento que ir es desprenderse de nieves
incendiar surtidores de un día en las campanas
escuchar a una citara destrozada por la tierra.
Y en cada ojera despierto al caballo
su muestra es de espacios como seres y birremes
en el verbo irracional instalando en las piedras
fuentes de enigmas mostrando hechiceros.
Que sea la luna quien arrastra esta noche
este cuerpo
que me enseñe formulas de abismo con el pétalo
que diga sangre en el filo de la feromona,
porque ascenderé hasta el lugar más profundo
del árbol
a escuchar como agoniza la madera.


Guillermo paredes mattos

sábado, 1 de febrero de 2014

Poema




Poesía
 
Aquella era la luz,
el rostro de un candelabro emergiendo
de las aguas,
y el aura del destino
formando el rocío en la corriente,
el cefiro helado de junio despertando a la creación
como a mi cuerpo,
y el hemisferio agitando lo que nos pertenecía
lo que era para cada uno bajo el cielo,
lo que tuvimos que recojer debajo de las hojas
para poder elevar una vida,
su latido precipitandose sobre cortezas y mantis,
sobre arpegios que dilataron la llegada del amanecer
pero no pudieron evitarlo.
Ella era la luz,
de nuevo respiro titanes y enhebro el trafico
de una brujula rendida en las aguas,
abrazo las cenizas que moran en el silencio
y abro el corazón de la soledad
aquel que no cifró en el nuestro su latido,
otra vez soy el puñal que rasga el velo
de todo lo secreto,
sólo para contemplar el misterio.
 


Guillermo paredes mattos

La Atmosfera de mi Vacío









En mi atmosfera de alas y vacíos, cuando rueda la noche
y se revela un crisol de espumas y sobrevientes.
Mientras camina hacia el agua el volcan y la idea
respira su escolta de batallas olvidadas en la cresta.
Y entonces arrastra hasta la arena este soplo
el hilo de una venganza fraguada por los pájaros.
Cuando no hay quien recuerde en todas las hojas
y los criminales huyen con las sienes de un lobo.
Mientras ilumina el silencio el más perlado destello
maquinado en secreto por el ruido de tu corazón.
Y hay algo apagándose como una campana
en el anciano barco de la impresión más aurea.
Impregnando el rocío de vesperales ruedos
enigmas como un emperador navegando entre sales.
Mientras huyen tormentas de voces en sus cristales
mostrando el espíritu que desde el brillo abre cielos.
Celestiales margenes con una página de lumenes
inspiración de un sueño de imposibles piedades.
Cuando ninguna palabra es voluntad de sonidos
y la memoria propala fulgores como los ojos.
Manantiales de un insomne en sus carabelas
viendo el desmayo suplir una hoja a los árboles.
Cuando la bandada pregunta por algun horizonte
y los sabios responden que son símbolos de nada.
Y en cada desprecio abre la ira un desencanto
prometido en días de temblorosos evangelios.
Y tú que me separas vuelves a citas de selvas
montañas como el eco o un labio en el sueño.
Dudando entre que debe elegir para cruzar el alba
el desnudo vaticinio que lleva plumas y celestes.
Cuando todo es presencia de alboradas y espadas
incendiando el reflejo de todas las ciudades.
Entonces en una superficie vuelvo a un aparejo
dudando junto a la edad de las ventanas prohibidas.
Y tejiendo un caballo cabalgo entre cetros
y en el único cristal que no vió tu reflejo. 



Guillermo paredes